La muerte del Papa
Fue tanta la atronadora vocinglería desatada estos días a raíz del óbito del Más Alto Prelado de la Iglesia de Roma, que nos hemos quedado casi todos con la capacidad crítica y analítica bastante asfixiada, desbordados por la carga emocional (natural para algunos, puramente mediática para otros, y una mezcla de ambas para la mayoría) del luctuoso evento. Lo queramos o no, todas las actuaciones de esta Iglesia repercuten, no sólo entre los creyentes católicos, sino entre los de cualquier otra religión y, por supuesto, también entre los ateos. No en vano, son dos mil años de predominio absoluto en todos los órdenes de nuestra vida. Esta vez, a juzgar por el ingente material que era posible leer y oír en los diferentes medios, se desplegó una gama sin precedentes de argumentos con todas las gradaciones posibles en la escala de la emoción, de todo tipo de datos, tanto de opinión como cronológicos o ideológicos, para referirse al acontecimiento. El tema parece que obliga y hasta yo me siento impelida a verter algún parecer sobre este revuelo mediático.
Empezaré por decir que no soy entendida, ni mucho menos, en materias religiosas, y, aunque la Teología pueda ser para muchos una disciplina tan fascinante como cualquier otra, nunca ha sido mi fuerte; por tanto, dejaré los razonamientos sesudos para los estudiosos, porque, bien es cierto que, bastantes “doctores tiene la Iglesia”.
Yo puedo hablar de mis propias creencias como producto final del manejo de mi raciocinio, sin querer ni osar adentrarme en el terreno de la conjetura mística. Pero también entiendo que otros puedan hablar desde el corazón alumbrados únicamente por la fe, eludiendo y no necesitando la estricta lógica de la mente para sentir la firmeza de sus convicciones. Son diferentes maneras de expresar una humana parte, digamos, espiritual, pero que pueden convivir en plena armonía e ir acompañadas de idéntica carga moral y ética.
No puedo cuestionar la expresión de la espiritualidad de nadie pero sí puedo opinar y pronunciarme acerca de la incidencia que una doctrina religiosa pueda tener en el humano mundo terrenal, que es el que piso. Y aquí, a mi entender, y con respecto a la Iglesia Católica, hay pocas luces pero muchas sombras.
Nuestro Papa (sí, me han bautizado pero no comulgo) fue una persona de honda religiosidad, con unos rasgos físicos de bonhomía que, seguro, producían instantánea empatía y simpatía en las gentes, y al final de su vida, debido al muy deteriorado estado físico que exhibía, producía, sobre todo, compasión, que es una virtud muy cristiana (alimentada, eso sí, con notables recursos escénicos por los poderosos medios Vaticanos). Pero nada más. Ver de cerca la cara del Santo Padre no te cambia la vida y saber que está ahí velando y orando por nosotros, tampoco. No sé como sería el mundo sin un Papa y sin una Iglesia Católica; siempre han estado ahí, invariables en su rigidez y prácticamente inamovibles en sus posturas, ajenas a algunos modos primigenios pero legítimos de interpretar la vida pero dueños de esa Autoridad Divina que les confiere el inmenso poder de decidir, debido a la inflexibilidad de sus postulados, la miseria moral y física de mucha gente, aunque teóricamente vayan predicando lo contrario.
A mi me indigna el modelo de mujer sumisa y servil que impone y mantiene la Iglesia Católica y del que Wojtyla fue un ardiente defensor, aunque, estoy segura que él se había dado cuenta (dada su gran inteligencia) que, en lectura atenta, sobre todo del Nuevo Testamento (por supuesto, en interpretación menos sesgada e interesada que la de la Iglesia), queda reflejada de manera muy clara, la potencia y el florecimiento, así como la igualdad de derechos en todos los aspectos, de las mujeres, como así han entendido muy bien otras Iglesias cristianas. En la Católica, aquéllas quedan relegadas a desempeñar únicamente un papel como Madres Abnegadas, Cuidadoras y Sufridoras Silenciosas (sin dudar que también por esos caminos sea posible ascender a las más altas cotas espirituales). Las mujeres sabemos, no hace falta que nadie nos lo confirme, que nuestro potencial puede desplegarse en cualquier dirección, incluso en la de ostentar, con tanta fuerza como los varones, las más altas dignidades eclesiásticas y todo tipo de misiones Pastorales.
Esta Iglesia, tal como está configurada, con todo su aparato y oropel, continuará siendo fiel a sí misma. No puede ser de otra manera. Tratarán de conservar todo el poder que han ido atesorando a lo largo de los siglos, imponiendo sus dogmas férreamente. Necesitarán seguir revestidos de esa Autoridad Moral que necesitan para conformar las mentes del rebaño y seguirán siendo una casta aparte del pueblo (la casta de las sotanas). Creo que no es lo mismo recorrer en Papamóvil las principales arterias de una ciudad siendo bien visible para todo el mundo, que bajar de verdad al pueblo, estar con el pueblo, acercarse a las gentes y entender cómo viven y por qué viven así. Para eso se necesita arrojar una nueva luz (con mucha más humildad de la que se ha empleado hasta ahora) sobre la interpretación de los Sagradas Textos. Me temo que para la Iglesia Católica, las Sagradas Escrituras son un asunto cerrado desde hace mucho tiempo.
En la cuestión del celibato no me meteré porque ahí sí se aproxima un cercano cambio de política (si, he dicho política) por parte de la Iglesia. La vocación sacerdotal sigue escaseando alarmantemente y en Roma no son ajenos a ese hecho porque las cuentas cada vez salen peor.
Mis respetos y mi rendida admiración a los millones de personas que a pesar de los pesares son capaces de satisfacer su demanda espiritual en el seno de la Iglesia Católica. Y mis más hondos respetos también a Juan Pablo II , sin duda un hombre entregado a Dios, esté donde esté.
Ciertas todopoderosas instancias y grupos jerárquicos de la Iglesia hace ya tiempo que lo quieren canonizar. Seguro que lo merece. Comenzaremos ahora a enterarnos de los milagros que ha hecho durante su vida y Pontificado. Yo propongo desde aquí un milagro bien visible para todos y que ha sucedido uno de estos días: ¡ Fidel ha entrado a oír misa en la Catedral de La Habana !




