Boicot
A raíz de la ardorosa polémica sobre el Estatuto catalán y de otras cuestiones territoriales que son motivo de eterna fricción político-social, hace ya algún tiempo que circulan por ahí los típicos mensajes pidiendo al consumidor que no compre productos de Cataluña y hasta hay quien se ha tomado la molestia de elaborar minuciosas listas con los nombres y descripciones de los artículos que no “deberíamos” adquirir y sus alternativas.
El problema es que a los aficionados a los “boicots” se les va acumulando la tarea porque, según cómo se mire pero visto lo visto, ahora mismo cualquier controversia mediática parece irremisiblemente destinada a terminar en boicot. Además del caso catalán, ahí va un pequeño catálogo de algunos con mayor o menor efervescencia social : Guerra incruenta declarada a los productos norteamericanos e ingleses por la guerra de Irak; guerra a los productos alemanes, franceses y rusos por no apoyarla; boicot a los productos vascos por haber osado presentar Ibarretche su plan Soberanista; a los productos árabes porque son moros, o a los productos israelitas por todo lo contrario…
No me olvido, en otro orden, de los muy en boga boicots a la prensa, radio y televisión, que por el hecho de no ser afines, para muchos, son totalmente ofensivos y “boicoteables”.
En este estado de cosas, al sufrido consumidor usuario de los “súper” o los “híper” que quiera ser políticamente correcto y fiel a sus principios no le quedará más remedio, antes de llenar su carrito, que sacarse la comparativa de turno del bolsillo y analizar minuciosamente la lista detallada, para tomar su decisión de compra en base a los criterios excluyentes que le dicte el manual de instrucciones del boicot que se traiga entre manos. Yo echo a faltar (y reivindicaría por tanto) una lista de excepciones, ya que pueden darse casos como, por ejemplo, si se está a favor de los americanos (un suponer) debería poder comprarse una coca-cola aunque esté embotellada en Cataluña, ¿o no? Es que esto de la mercadotecnia globalizada es un auténtico galimatías…
Bueno, pues nada, sigamos intentando castigar a los malos no comprando sus productos, mientras el precio de la vivienda sigue en la estratosfera, la Sanidad malvive aquejada de terribles fiebres, la Justicia va dando trompicones tan cegata como siempre, etc.
Yo, de momento, tengo una pequeña y doméstica cosa clara, y es que en mi cena navideña de este año seguro que no faltará el cava. Escenificaré una escena: alzo mi copa, me concentro y bebo un par de sorbos (no más) a regañadientes porque no hay modo de que me guste. Pero me veo brindando con ese brebaje como cada año.


