As bruxas e as meigas
Para la cultura de aldea gallega no hay en realidad una gran diferencia entre bruxa e meiga. En cualquier caso ambas estaban dotadas de un extraordinario poder diabólico aunque la creencia general era que las meigas son “mejores personas” que las brujas, quizás por el carácter marcadamente doméstico de las primeras. Se creía que las brujas no volaban, sin embargo las meigas acudían todos los Sábados al aquelarre a caballo de sus escobas (vasoiras)
Las brujas vivían entre sus moradas y los bosques; sus conocimientos eran de carácter hereditario. Se ve que éstas solo tenían descendencia femenina ya que la figura del bruxo es otra cosa bien distinta. Podían convertirse en insectos a la hora de cometer sus fechorías. Para evitar el mal y la influencia de las brujas las mujeres llevaban consigo una cabeza de ajo, un higo silvestre o un cuerno de vacaloura (ciervo volador) y los hombres se sacaban la falda de la camisa por fuera de los pantalones para espantarlas.
Fue durante los siglos XVI y XVII cuando la santa inquisición condenó a gran número de mujeres por realizar prácticas de brujería. A causa de la persecución a que fueron sometidas y a las torturas acabaron confesando sus, seguramente inexistentes, pactos con el diablo.
Las que, sin lugar a dudas, existieron en Galicia fueron mujeres dotadas de una gran capacidad de persuasión, de embaucamiento o grandes conocedoras del comportamiento humano y que aprovechaban estas dotes para su utilización para hacer mal o bien a su antojo y conveniencia.
En algunos lugares de Galicia se dice que las brujas o meigas recitan una especie de suerte cuando se dirigen a las reuniones (aquelarres): “Por encima dos silveiros e por debaixo das carballeiras…” para que nada les detenga en su vuelo.
Es de gran tradición en la superstición gallega la figura de la escoba ya que las brujas las utilizaban para desplazarse en grandes viajes todos los Sábados, la noche de San Silvestre y la de San Xoan, o para colarse por las chimeneas en busca de sus víctimas. Hay quien hoy en día tiene por mal agüero barrer la casa de noche o dejar la escoba detrás de la puerta de la entrada a la vivienda. Sin embargo es de uso frecuente el hacer una cruz con la escoba de barrer el horno y la pala de recoger el pan para que la cocción salga crecida y abundante y a la vez para que los campos siguieran dando cosechas abundantes de trigo. También existía el hábito de colocar la escoba detrás de la puerta con el mango hacia abajo para evitar el mal de las brujas. Esto también se hacía cuando se tenía una visita molesta en la casa para que se marchase lo antes posible.
Algunos autores escribieron que los sortilegios, el mal de ojo y los maleficios en general eran un acto de fe dudosa ya que la propia debilidad de la fe misma era la que hacía a la mente inventarse falsos males y creencias.
Seguramente, al igual que pudo ocurrir con las creencias en la Santa Compaña, fueron las grandes necesidades de nuestros antepasados, la incultura y el subdesarrollo de largo tiempo los que alimentaron todo tipo de bulos, supersticiones y brujerías o meigallos.
En cualquier caso, como no siempre es fácil distinguir entre el mal de las meigas y el bien de los hombres, dejaremos aquí una de las frases más conocidas en el arraigo popular gallego: “Eu non creo nas meigas pero habelas ainas”


