Convento das Bernardas en Ferreira de Pantón
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(Convento das Bernardas en Ferreira de Pantón)
El primer documento conservado del monasterio del Salvador de Ferreira data del s.X; se trata de unas donaciones concedidas al mismo en el año 924. En ese momento, el monasterio era dúplice y estaba bajo la regla de San Benito.
En 1108 sabemos que seguía siendo dúplice, ya que la condesa doña Jimena Sánchez hizo una donación para los siervos y siervas del monasterio.
En el s.XII se acoge a la reforma cisterciense y pasa a ser exclusivamente de religiosas, denominándose monasterio de Santa María, siguiendo la costumbre de todos los monasterios del Cister de dedicarse a la Virgen.
Este cambio se produce en 1175, siendo abadesa la condesa Fronilde de Lemos. Al quedar viuda esta condesa restauró el monasterio y se instalaron en él varias damas de la nobleza que se sometieron al abad del monasterio de Santa María de Meira.
La condesa Fronilde está enterrada en el claustro y se dice que su cuerpo se conserva incorrupto.
A finales del s.XVI pasa a formar parte de la Congregación Cisterciense de Castilla.
Es el único monasterio de esta orden que en toda Galicia mantuvo vida religiosa continuada desde su fundación hasta nuestros días. Ni siquiera abandonaron el monasterio en la desamortización de Mendizábal.
Popularmente se conoce a este monasterio con el nombre de las Bernardas de Ferreira, haciendo nuevamente alusión a la regla cisterciense que lo rige, fundada por San Bernardo.
EXTERIOR DEL MONASTERIO
Todo el monasterio está cercado por una tapia, que alberga molino, palomar, cobertizos y algunas fincas, recuerdo de las heredades que en otro tiempo poseyó el monasterio.
La entrada
A este recinto se accede a través de una entrada flanqueada por dos cubos de gran tamaño, realizados en distinto material sobre los que campea el escudo de la congregación cisterciense de Castilla, a la que perteneció Ferreira desde el s.XVI hasta 1835, fecha de su desaparición. Y coronando el conjunto una cruz con el escudo antiguo de España en el reverso.
El cubo de la izquierda es de buena cantería y está rematado por una imagen del Salvador, titular original del monasterio, mientras que el de la derecha es de mampostería, y lleva encima una pequeña figura semejando un castillo.
Esta diferencia de labra puede tener una interpretación simbólica: el cubo bien labrado representa la imagen simbólica de la iglesia, cimentada sobre roca firme y defendida siempre por el Salvador, mientras que en el segundo tenemos el símbolo del poder temporal, sometido a cambios y en peligro de desmoronarse a la primera ocasión por no estar cimentado sobre roca firme.
Las celdas
En la zona dedicada a celdas hay una cubierta con pináculos en las esquinas de la que sobresalen muchas chimeneas que se correspondían con las estancias en las que se alojaban las religiosas de origen noble. Estas estancias tenían dos pisos, uno con su correspondiente balcón para la religiosa, y un segundo piso para la criada. Constituían verdaderas estancias que en su parte alta estaban provistas de cocina y despensa, para que nada faltara a la religiosa. A este convento se le conocía como el convento “das Donas” por haber vivido en él diversas señoras de la nobleza del reino.
Hoy las monjas ya no viven así, sino que se atienen a las normas de la regla cisterciense (ora et labora), repartiendo el día, según un rígido horario, entre los rezos en la iglesia y las labores propias del monasterio.
La fachada principal
Forma un ángulo recto con la iglesia y consta de un frente rectangular con una torre en su extremo norte; se trata de una torre barroca del s.XVIII.
En la fachada, pintada con letras rojas, aparece la fecha en que se hizo la misma.
La hospedería
Unida a la fachada principal y formando ángulo recto con ella, está la hospedería, integrada por dos cuerpos.
Se asciende al piso superior a través de una amplia escalinata que comunica con la solana que presenta la hospedería en su parte delantera y que le confiere la fisonomía propia de los pazos gallegos.
EXTERIOR DE LA IGLESIA
Es de gran sencillez arquitectónica, contrastando con su riqueza escultórica que se manifiesta especialmente en la cabecera de la iglesia y que no encaja con la austeridad que el Cister propugnaba.
Hay que recordar que la orden cisterciense surge para enmendar los errores en que había caído la orden benedictina, y su finalidad es volver a la pureza de la regla de San Benito despreciando todo tipo de lujos materiales, entre ellos, la excesiva decoración y la ostentación de riqueza que hacían que se perdiera la esencia religiosa, el mensaje que se quería transmitir. Por ello, San Bernardo, fundador de la orden cisterciense, prohíbe las representaciones escultóricas y pictóricas en sus iglesias, prevaleciendo la austeridad, tan típica del Cister.
La explicación que tiene, por tanto, la decoración escultórica de esta cabecera se debe a que la anexión al Cister llegó cuando la cabecera de la iglesia ya estaba construida, dado que las iglesias siempre se comenzaban por la cabecera. Pero el resto de la iglesia, sin embargo, responde a la austeridad y a la ideología de la nueva orden.
Presenta un aparejo isódomo, el característico del románico; se trata de sillares de buena cantería y de tamaño regular.
A los pies, encima de lo que en su día fue la puerta principal, hay una
espadaña para alojar las campanas.
El ábside
Destaca por sus ventanas abocinadas, decoradas con taqueado jaqués y capiteles, así como por la variedad de los canecillos del alero.
El ábside se divide en tres paños por medio de columnas. En las ventanas correspondientes aparecen capiteles de decoración zoomórfica, pero que están muy deteriorados por la erosión. Suelen aparecer en lucha simbolizando el eterno enfrentamiento entre el bien y el mal.
Los canecillos tienen decoración figurada, ya sea humana o de animales, y otros muestran rollos, volutas o bolas y motivos vegetales.
Destacan, en la parte curva del ábside, dos canecillos con figuras de animales y otros dos vegetales.
En el centro hay una hoja que remata en una bola, una voluta, un modillón de rollos y un motivo vegetal.
A la derecha un león, una figura humana, dos mamíferos y un acróbata.
En la zona del muro recto se ven músicos y acróbatas.
Los músicos están jerarquizados en función del rango social que representan.
Primero está el trovador, meditativo y en pose de escribir una composición.
Le sigue el juglar, sin cabeza, que está tocando la cítara.
Y a su lado hay un acróbata.
INTERIOR DE LA IGLESIA
La iglesia es de una nave, cubierta con un magnífico artesonado de madera mudéjar, mientras que el ábside se cubre con bóveda de horno y el tramo recto que precede al mismo lleva bóveda de cañón.
El artesonado corresponde a una reforma posterior ya que corta el óculo que aparece sobre el arco toral. Seguramente se pensó primero en hacer una cubierta abovedada, que luego se transformó.
La iluminación actual no da la idea de cómo era originalmente.
Una de las características de las iglesias cistercienses, siguiendo las pautas dadas por San Bernardo, es la claridad, la presencia de una luz blanca que se opone a las vidrieras de colores que tanto se emplean en las construcciones góticas.
La luz entraba por las ventanas abocinadas, el óculo ya citado sobre el arco toral y el rosetón de los pies. Este rosetón se corresponde con los pies de la fachada principal, hoy cegada por las construcciones del monasterio.
Tanto en el muro norte como en el sur se encuentran ventanas cortadas o tapiadas por haberse añadido edificaciones posteriores, lo cual le resta pues esa luminosidad a la iglesia.
El arco toral separa la nave del presbiterio y descansa en columnas que apoyan en basas decoradas con garras, elemento característico del románico.
El capitel del lado sur presenta a una figura vestida con túnica que apoya sus manos en dos cuadrúpedos. Sobre sus lomos hay dos cabezas con la boca abierta, al igual que los animales, de las que salen lenguas a modo de lianas que se entrecruzan con los animales y la figura humana.
El del lado norte tiene dos toros rodeados por dos grifos que los cogen con sus garras. Uno de los grifos muerde la lengua al toro que está a su lado y el otro muerde el rabo al otro.
El grifo es un animal fantástico, formado con cabeza de águila y cuerpo de león. Al estar compuesto por águila (cielo) y león (tierra) representa la unión de las fuerzas terrestres y celestiales.
En el tramo recto una cornisa recorre la superficie, y va decorada con bolas.
A continuación hay un arco fajón que apoya nuevamente en columnas con capiteles.
El del lado sur tiene una figura sentada con dos leones que le lamen los pies. Lleva túnica y un libro cerrado sobre el pecho, mientras que con la otra mano bendice. Puede representar a Cristo vencedor del mal o a Daniel en el foso de los leones, imagen del Antiguo Testamento que se utiliza como prefigura de Cristo.
El del lado norte muestra una decoración vegetal.
En el ábside hay dos nervios que apean en dos columnas en la parte inferior. Estas columnas dividen el ábside en tres paños, donde se abren las ventanas, mientras una imposta separa las dos partes del ábside.
Los capiteles de esta zona son de tipo vegetal.
Además de los capiteles, ventanas y canecillos románicos, también es románica una escultura de madera policromada, encontrada en un muro de la iglesia durante unas reformas en 1975, que representa a la Virgen con el Niño en su regazo. La que vemos en la iglesia es una copia de la original, que guardan las monjas en sus dependencias.
En el presbiterio hay dos sepulcros de arcosolio con yacente, buen ejemplo de la escultura funeraria medieval. Son Diego de Lemos, caudillo irmadiño, muerto en 1492, y su hijo, Lope de Lemos.
El de Diego presenta un arcosolio decorado con motivos vegetales. En el arranque del arco aparecen enfrentadas las figuras de la Anunciación, la Virgen y el Arcángel. En el frente seis arcos cobijan escudos de la casa de Lemos. En la tapa está el yacente ataviado con sus armas de caballero. Lleva espada y los pies apoyan en un perro, símbolo habitual de fidelidad en los sepulcros medievales. Y junto a la almohada hay un ángel.
El de Lope es similar, pero en el exterior del arco lleva una faja de apometado o decoración de bolas.
Adosada al muro sur se encuentra una pequeña capilla, del s.XVIII, conocida como capilla de San Roque, y dos sacristías.
EL CLAUSTRO
El claustro es del s.XVI, de planta rectangular y dos cuerpos.
En el primero hay columnas exentas con arcos de medio punto y capiteles alcarreños, característicos del plateresco.
El segundo cuerpo sufrió diversas reformas a lo largo del tiempo; ahora consta de unos postes de madera y está cerrado por cristales para preservarlo del frío.
En su entorno se agrupan las dependencias de la clausura.
Autora: María Díaz – Cuadernos de románico


