
Con la entrada del verano mucha gente está de vacaciones o viajando por la Ribeira Sacra. Unos repiten y otros van por primera vez, pero a todos les gusta nuestra zona.
Recibimos consultas sobre pueblos o lugares concretos, sobre monumentos o sobre rutas para realizar a pié. Procuramos dar contestación a todos los correos, pero hay un tipo de consulta que se está repitiendo a menudo este verano.
Se trata de consultas preguntando por pueblos o casas abandonadas en alguno de nuestros municipios.
Es cierto que todos, o casi todos, los pueblos perdieron población durante los últimas décadas y continúan con este éxodo hacia las ciudades o pueblos más grandes, pero de ahí, de que las casas queden deshabitadas a que no sean de nadie, o estén abandonadas, hay una gran diferencia.
Las noticias en los medios que hablan a menudo de los miles y miles de pueblos abandonados que hay en España y de que la mayoría están en Galicia puede dar lugar a alguna gente, como está pasando, a pensar que esos pueblos, lugares o casas, no son de nadie. La noticia debería tener más rigor y aclarar que se trata de casas en las que no vive nadie, a veces semi abandonadas, eso si, pero con propietario.
Sucede también en las grandes ciudades, que hay miles o millones de viviendas en las que no vive nade pero que no están abandonadas.
Principales motivos.
Pueden encontrarse estas casas en mal estado, pero todas tienen propietario. Varios problemas son los que confluyen para que esto suceda. El principal es que el medio rural, de siempre, carece de menos recursos económicos que la población más “industrializada” y casi siempre, por no decir siempre, resulta más barato hacerse una casa nueva que rehabilitar una casa tradicional gallega. Especialmente cuando alcaldes y políticos se encargaron de imponernos leyes para protegernos.
No estaría de más que hicieran una ley para proteger a los ciudadanos de ellos.
Nos impusieron todas las normas de protección habidas y por haber, y como resultado, muchas veces, para rehabilitar una vivienda tradicional nos encontramos con muchas trabas y pocas ayudas.
Los alcaldes se encargaron de aplicar normas sin respetar a los pobladores, sin realizar la más mínima consulta y, por supuesto, con intereses que no acertamos a comprender.
El resultado está a la vista. Abandono, dejadez y falta de interés por nuestras propias viviendas, en numerosas ocasiones heredadas.
No nos confundamos.
Si queremos una de estas viviendas seguro que encontramos al propietario muy cerca. Si no, también se puede preguntar en el ayuntamiento correspondiente y así dirigirnos a los propietarios para poder comprar. Hay que tener en cuenta que los precios, en muchos casos, son abusivos, pero es lo que hay.
Algunos, más espabilados, están o intentan ofrecer grandes e innovadores proyectos. Que si recuperación del patrimonio, que si aldeas sostenibles, que si consumo ecológico, etc. Casi siempre resulta que reinventan un nuevo orden de cosas que ya existe pero que a pocos habitantes de la Ribeira Sacra interesa, generalmente por su elevado coste. Éstos, inversores, o más que sospechosos, altruistas del mundo rural, intentan acumular subvenciones. Si las consiguen pueden llegar incluso a hacer más daño que bien. Riqueza traen poca, pero lo que si traen son ansias de absorber la escasa riqueza que nos queda.
Continuará…