Santa Cristina de Ribas de Sil - Parada de Sil - Ribeira Sacra
Santa Cristina

Si hay algún lugar mágico en la Ribeira Sacra, tanto por su entorno como por su arquitectura, es sin duda el monasterio de Santa Cristina.
Está en el municipio de Parada do Sil en un entorno de gran belleza, a pocos metros del Sil y rodeado de castaños.
La bajada al monasterio por una carretera sinuosa va ofreciendo la contemplación del paisaje característico de esta zona. Y luego, unas escaleras nos llevan hasta la fachada de la iglesia y la bella portadita románica que da acceso a su claustro.
La primera noticia del monasterio es del s.IX, pero lo que hay ahora es románico y renacentista.
Fue un eremitorio del s.IX que terminará adoptando la regla benedictina. Privilegios reales y donaciones hicieron que el monasterio fuera importante hasta el s.XVI, momento en que pasa a depender como priorato de San Esteban de Ribas de Sil.
La iglesia es de finales del s.XII con planta de cruz latina (algo infrecuente en el románico de la Ribeira) de una nave y crucero con tres ábsides, saliendo los laterales del crucero.
También presenta otra peculiaridad, la existencia de una torre románica, poco habitual en el románico gallego; y, por último, dos pandas del claustro renacentista del s.XVI.
La cabecera benedictina de ábsides escalonados es de perfecta sillería.
Como es regla habitual el ábside central es más alto y ancho que los laterales, y en él se abren tres ventanas. Los laterales tienen una articulación más simple con tambor liso y una aspillera central.
También cuenta con una cornisa repleta de canecillos, todos ellos restaurados.
En estos canecillos encontramos un buen muestrario de iconografía románica, desde los vegetales o geométricos hasta los de representaciones animales o humanas.
Entre ellos, destaca la figura de un hombre a cuatro patas, símbolo del pecador. Parece ser que este tipo de imágenes estaban inspiradas en la tradición musulmana que castigaba a los condenados a estar durante mucho tiempo en una postura forzada (por ejemplo, en cuclillas), hasta que su cuerpo quedaba atenazado.
También aparece un coito, tema habitual del románico y muy extendido por la zona norte de la península, donde se da el llamado románico erótico. Realmente no se trata de temas puramente pornográficos, ya que se colocaban en las iglesias para condenar la lujuria, el mayor de los pecados de la Edad Media, pero también para incitar al pueblo a la procreación porque no hay que olvidar que en el s.XII, época de repoblación, se necesita un aumento de la natalidad para poblar los territorios reconquistados a los musulmanes, y esta labor va a ser favorecida por la Iglesia desde sus monasterios. Por tanto, estas imágenes tendrían un sentido condenatorio y a la vez didáctico por parte de los clérigos.
En relación con este canecillo se ha interpretado otro, que hay a continuación, como una parturienta, aunque parece más un hombre que una mujer.

Y entre los que representan animales, cabe destacar la figura de un gato. Este animal se representa mucho en el románico gallego, quizás por una tradición ancestral, relacionada con la brujería, que afirmaba que oliendo los genitales de este animal y pasando la mano por su lomo se curaba la esterilidad de las mujeres.
Una cornisa recorre el ábside central y se prolonga por los muros laterales, abriéndose a partir de ella las ventanas para iluminar el interior. Cuatro contrafuertes sostienen cada muro, conservándose unas ménsulas que indican que hubo un pórtico lateral.
La fachada está dividida en dos cuerpos por la misma cornisa. Tiene tres arquivoltas de bocel y ajedrezado, con tres parejas de columnas cuyos capiteles son vegetales. Encima un rosetón de tracería de lóbulos.
El interior se divide en cinco tramos por arcos apuntados, separados por fajones, que apean en ménsulas empotradas en una imposta. La nave se cubre con madera, mientras el crucero lo hace con cañón sobre cuatro arcos de medio punto que apean en columnas adosadas con motivos vegetales, cabezas y figuras que parecen simios.
Al retirar el retablo del altar mayor aparecieron unas pinturas renacentistas del s.XVI.
Anexa a la fachada de la iglesia hay una portadita románica que daba acceso al claustro.
Se forma por un arco de medio punto cargado de decoración vegetal carnosa, característica del románico gallego por influencia borgoñona. Y en el intradós aparecen representados los símbolos del Tetramorfos con un ángel en la clave.
Del claustro quedan dos pandas en pie. Es del s.XVI con arcos de medio punto sobre columnas de fustes ochavados.
En el lado norte una sencilla torre románica almenada, cuyo remate es del s.XVI, sobresale muy por encima del claustro.
Es interesante el arranque de la torre. Tres arcos sobre columnas adosadas se abren en su base y apoyan en capiteles.
El más interesante es el que muestra a dos arpías afrontadas enroscadas por sus mismas colas.
Las colas enrolladas en su propio suelo y enlazadas alrededor de sus cuellos, separando las dos partes del monstruo imaginario, la humana y la animal, parecen sugerir el último impedimento del hombre para liberar su espíritu y dejarlo volar libremente en su camino hacia la unidad. Sin embargo, el hecho de que las colas estén entrelazadas entre sí, habla de una comunicación o dependencia entre ambos. Y esto puede tener un doble sentido: el camino espiritual es un camino que se ha de recorrer en solitario, desligándose de los demás, y otro es que los progresos espirituales de cada uno en el conocimiento de esa unidad, ayudan al resto de los hombres en su propio camino en una especie de comunión de los santos.
- A pesar de las descripciones, más o menos detalladas, que hagamos de este monasterio, siempre nos quedaremos cortos, porque hay que verlo y sentirlo para poder disfrutar de él en toda su magnitud.
Textos: María Díaz