Fuego
Acabo de escuchar por la radio el último parte de incendios en Galicia (triste noticia estrella de la semana), y sigue siendo confirmatorio, una vez más, de lo que venimos respirando y padeciendo en la ciudad de Vigo, durante seis angustiosos días con sus asfixiantes noches: el fuego continúa voraz y veloz en casi todos los montes de la periferia y la desesperación, la rabia y la impotencia (en un solo y casi imposible sentimiento), se acrecientan a la par que la extensión de superficie quemada.
Estas noticias vienen acompañadas ahora de un bando informativo municipal con recomendaciones por parte de especialistas a los ciudadanos para que éstos sigan unas pautas de actuación en sus actos cotidianos, al objeto de minimizar los riesgos que para la salud pueda tener la inhalación de este ardiente y denso humo con partículas quemadas en suspensión que está constituyendo nuestro particular e indeseable clima agosteño de este año.
Como suele suceder invariablemente en estos casos, el ambiente, además de estar lleno de cenizas también está plagado de formulaciones, reformulaciones, hipótesis, contra hipótesis, conspiraciones probables y descabelladas. Muchas teorías distintas y un solo dios verdadero: el Fuego.
Cada uno presume de tener su propia teoría sobre autorías y motivaciones y probablemente todo lo que se dice sea cierto. No quiero entrar a exponer mis propias argumentaciones en este sentido porque, en estos momentos, estoy sencillamente harta, harta de especulaciones, de diatribas, de controversias, de políticas “de tierra quemada”, del mucho decir y poco hacer.
Sólo tengo capacidad ahora mismo, con este estado de ánimo nebuloso que me domina, de hacer cruentas constataciones que abofetean salvajemente mi sensibilidad. Constato, por ejemplo, con mayor fuerza que nunca, atribuyéndole además el título de Verdad y Ley Férrea Universal que el bienestar y el confort de algunos (los menos) siempre se garantiza por la desventura y el sufrimiento de otros (los más). Sé que este enunciado tiene una apariencia muy marxista, dicho así tan genéricamente (aclaro que no me importa en absoluto) pero echad un vistazo, por favor, a vuestro entorno físico y mediático. Fijaos no solo en Galicia sino en África, en Próximo Oriente, en Levante, Andalucía, Madrid, … y decidme si no estoy en lo cierto.
También constato que el verano para mi ya no es lo que era: época de despreocupación y ligereza. Ahora es tensión y a veces hasta supervivencia. Estoy tensa porque no llueve, porque hay cada vez menos agua en nuestros embalses, porque el fuego siempre está al acecho vayas donde vayas, porque vivir más de un mes (incluso por estos pagos) con temperaturas sofocantes que rebasan los treinta y cinco grados ya no es vivir sino sobrevivir.
Perdonad pero hoy tengo una sensación invasora de derrumbe ecológico generalizado. Lo veo todo muy negro, en consonancia con el paisaje que me rodea.
A pesar de todo y con mi negritud a cuestas (y la de muchos, que no estoy sola en este sentir) iré esta tarde a la manifestación convocada para las ocho de la tarde delante de la puerta del MARCO (museo de ate contemporáneo) de Vigo. Hay otra en la plaza de la Quintana en Santiago a la misma hora. Tal vez mañana amanezca un día más claro…
Maruxía

